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domingo, 13 de marzo de 2011

Postergadores: las razones de dejar todo para el último minuto‏

Si con sólo pensar en lo que tiene que hacer usted se estresa y, pese a ello, se pone a jugar en Internet o a perder el tiempo, con seguridad pertenece a esta categoría.

Revisar los mail, tomarse un café o fumarse un cigarro son algunos de los rituales indispensables para trabajar con inspiración y creatividad. Al menos así lo sienten quienes, producto de estos hábitos, dejan para última hora lo que tienen que hacer. Son los llamados postergadores habituales, especialistas en dejar para más tarde desde tareas relevantes hasta incluso algo tan simple como devolver una llamada telefónica. Si con sólo pensar en lo que tiene que hacer usted se estresa y, pese a ello, se pone a jugar en Internet o a perder el tiempo, con seguridad pertenece a esta categoría.

¿Por qué algunas personas caen con tanta frecuencia en estas actitudes, mientras otras rara vez pierden un segundo de su tiempo? Durante los últimos años, el hábito de postergar está atrayendo a los investigadores de la Ciencia del Comportamiento, tratando de encontrar una respuesta. Porque, de la mano de la globalización, el tema ha ido cobrando relevancia, incluso para los mercados, que atribuyen a esta conducta pérdidas económicas importantes.

El economista Piers Steel, de la Universidad de Calgary(Canadá), realizó una revisión de varios estudios sobre el tema y llegó a una cifra que se repetía de forma preocupante en varios países: entre el 15% y el 20% de los adultos en Estados Unidos, Canadá y Europa son postergadores habituales. Lo que, por lo menos en Estados Unidos, representa un aumento importante, porque hace tres décadas sólo el 5% de los americanos caía en esta clasificación.

Y lo peor es que Steel comprueba que a menor edad este comportamiento puede ser una plaga. Durante los primeros años de la universidad, relata su estudio, sobre el 80% de los alumnos tiende a postergar sus obligaciones.

DE DA VINCI A CAPOTE

Hasta el momento, las explicaciones psicológicas para este tipo de comportamiento son variadas: personas impulsivas, que se distraen con cualquier estímulo o bien, ansiosas, que prefieren retrasar el inicio de un trabajo que puede resultarles desagradable. Incluso, podría tratarse de problemas de autoestima.

El sicólogo Timothy Pychyl, director del Grupo de Investigación en Postergación de la Universidad de Carleton (Ottawa, Canadá), describe a un grupo muy particular de postergadores. Aquellos que hacen su tarea en el último momento buscando una excusa para explicar un posible resultado pobre. "Así pueden decirse a sí mismos: 'lo hubiera hecho mejor si hubiese empezado antes'. Se trata de un mecanismo de defensa inconsciente para quien puede tener una autoestima débil y se enfrenta a un desafío que le causa inseguridad", dice el especialista.

Pero el hábito de postergar no implica ni falta de capacidad ni una menor inteligencia. En eso están de acuerdo todas las investigaciones.

El médico Eunju Lee, de Halla University en Corea del Sur, plantea una tesis bastante más rebuscada. Después de varios análisis y una encuesta que incluyó a 262 estudiantes, llegó a la conclusión que detrás de cada postergador crónico subsiste una profunda dificultad para involucrarse de lleno en una tarea hasta terminarla. Porque se trata de personas caóticas, que fácilmente se distraen por su propensión a divagar y fantasear. Varias otras investigaciones aseguran, por ejemplo, que Leonardo Da Vinci fue uno de estos postergadores crónicos. Su fortaleza radicaba precisamente en su enorme capacidad de generar una idea tras otra en su mente, pero eso también le impedía trabajar en el proyecto que tenía en mano hasta finalizarlo. De hecho, el número de obras inconclusas que dejó supera por mucho a las que logró concretar.

Hay otros ejemplos de esta condición también en la literatura, dicen los investigadores, como los escritores Truman Capote y Ralph Ellison. El primero impactó al mundo con su novela A sangre fría, en 1965, pero fue incapaz de escribir algo más; mientras que Ellison estuvo 40 años trabajando en una segunda novela después de El hombre invisible y la dejó incompleta al morir, en 1994. Mucho se habló del bloqueo que sufrieron estos escritores, pero según los científicos, su conducta calza perfectamente con los postergadores crónicos.


EXISTEN 4 TIPOS DE POSTERGADORES


Evitadores: intentan retrasar lo más posible el tener que hacer alguna tarea que les desagrada.

Indecisos: se les pasa el tiempo pensando distintas alternativas para hacer un trabajo.

Adrenalínicos: su estilo de trabajo es bajo presión, con la adrenalina de sentir encima el plazo fatal.

Baja autoestima: dejan todo para el final para tener una excusa si el resultado es pobre. Así protegen su frágil autoestima.

LOS COSTOS DE POSTERGAR

La afición por dejar todo para mañana tiene costos altísimos: financiero, profesional, de salud e, incluso, de daño en las relaciones personales. "La postergación va dañando el bienestar de las personas en forma amplia".

En 2009, un 40% de los norteamericanos que declararon impuestos cometieron errores al completar los documentos por dejar el trámite para último momento, lo que se tradujo en un sobrepago de US$473 millones.

En 200
8, la sicóloga de la U. de Windsor en Canadá, Fuschia Sirois, realizó un estudio con 254 adultos y concluyó que los postergadores tienen mayores niveles de estrés y problemas de salud.

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